domingo, 27 de junio de 2010

Capítulo 9


Sus ojos se iluminan, y una sonrisa dibuja su cara. No puede imaginar esa sensación, ver a tus hijas después de tanto tiempo, y abrazarlas, y quererlas mucho, y pensar en la vida, en las ganas de luchar por ellas y de tener mucha fuerza para hacerlo durante tiempo y tiempo. Estar al borde de la muerte, y tener la carga constante de que has puesto en pelígro la vida que un día regalaste. Vale. Se acabó. Fuera pensamientos negativos.

Mario se acomoda en la cama, y no deja de sonreir, no le dá llegado la hora.

Piensa, recuerda, imagina...

Marina entra en la habitación corriendo, lo abraza, un abrazo profundo, lleno de sentimientos, y se miran y se vuelven a abrazar. Marina le dá una caja.
Mario con los ojos llorosos mira hacia la puerta.
Que guapa está, pantalón color crema, camiseta y bailarinas verde oscuro con una chaqueta de flores, trenza entera. Emma se acerca, Mario la abraza, ha crecido tanto. Y le sonríe y echa una ojeada una ojeada a su niño y una sonrisa de amor para su mujer, y empieza a llorar, sin saber si de felicidad, como si algo se le hubiera clavado un poquito, como si se diera cuenta en ese preciso momento de lo bella que puede llegar a ser la vida.
Pero...

Cuantas cosas se ha perdido...

- Papá, abré la caja, abre la cajaa.

- Voy mi vida.

La coge, dentro hay un albúm de fotos precioso, verde pistacho y esta datado desde justo una semana después del accidente hasta el día anterior.

Y fotos, tristes, de cada día, algo más felices, de Marina, de mamá, de Emma, de la barriga, y de gente, en el salón en la cocina, delante de su nuevo mueble y levanta la cabeza y sonríe, y sique pasando fotos y más fotos. Fotos que muestran casi un año que él se ha perdido, pero se siente algo mejor, como si de algún modo, pensándolo estuviera un poquito más despierto, sacando esas fotos para él.

Emma, se siente genial, que buena idea, papá sonreía hace dos minutos tansolo por estar vivo, ahora sonríe porque le hemos devuelto un poquito de estos meses perdidos.


Los días pasan agenos, inundados de felicidad simple, con un motivo claro, y esque no hay mejor cosa que sonreir por estar en este mundo.


Han dejado atrás los días bajos y han llegado los rallados de sol hasta las trancas. Emma se levanta sonrriente y corre a lavarse los dientes, hoy ingresan a su madre, es posible que hoy, cambie su vida, un nuevo hermano. Y piensa en hace cinco años, cuando vió a Marina, y le pareció el bebé más feo del mundo, y la mira, que está dormida en su cama, tan guapa. Y piensa en su miedo a los truenos del día anterior. Pobrecilla.

Se mete en la ducha, escucha ruidos en su habitación.

- Paraaa mamá. Y risas, enérgicas, felices...
Está tan feliz, dios mio, parece aver perdido unos años estas semanas...
-Mujercitas, rápido cada una a ducharse, deberíais aprender de Emma, que seguro que ya está pensando en que ponerse. Y eleva la voz. ¿o no mi amor?
Emma sonríe, baja la música y grita
-Obvioooo. Y escucha como los tres, mejor dicho, los cuatro, se ríen y cuchichean. Emma vuelve a subir la música, suena "Las nubes de tu pelo" de fito.
Y piensa en Jimmy, en una discusión de hace un par de días, y la reconciliación, al lado de la fuente enorme que hay en una de las plazas del centro, y luego corriendo, como dos niños a los que se les termina la tarde. Y luego en el puerto, al lado de aquel faro minúsculo y ridículo que contiene escritos preciosos, barbaridades y tonterías, con tipest, con permanente o con la punta de una llave.
Sonríe. Como ha cambiado mi vida ultimamente.
Suspira y sale de la ducha, se mete en el ropero y se pone unas braguitas con un sujetador gris plata, polo y tenis blancos de lacoste con unos vaqueros y un cinto de Tommy Hilfiguer rojo azul marino y blanco. Vuelve al baño y se mira las puntas, se corta algunas con sus tijeras amarillas y se quita un azul vulgar del que tiene pintado las uñas. Se seca el pelo y se pone dos orquillas hacia el lado derecho. Desayunan todos juntos, la última vez sin el niño que todavía no tiene un nombre claro. Bob esponja en la tele y Mario que lee algunas noticias interesantes del periódico, y a Emma, le parece que es lo único que le apetece escuchar.
¿Sabes esa felicidad que te inunda, esa que parece no ser real, esa que semeja ser mentira? Emma siente las mariposas que alimentan tal felicidad.
Ya en el coche dejan a Marina en el cole, y se van al hospital.
Emma está nerviosa, su padre está seguro, piensa que lo malo de la vida ya ha pasado, que le quedan doscientos millones de momentos preciosos y que está a punto de vivir el siguiente, y el tercero en su lista de los mejores. Ella, mamá, no está preocupada, todo ha ido bien, ya no cree en los problemas, respira, entablando conversación con su matrona.
Mario va a asistir al parto, que será bajo el agua, es genial, el niño nacerá de la misma manera que Marina. Esperan con la más delicadeza y relajación que se puede tener...

domingo, 6 de junio de 2010

Capítulo 8

Su mente todavía tarda en reaccionar.
Papá, duerme, solo duerme, en unas horas podrá hablar con él, preguntarle todas esas cosas que se ha guardado todo este tiempo, estos meses, meses de solo pensar en Mario, ese de quien ha heredado los ojos y la mala leche, ese al que podrá volver a abrazar. Y piensa en Marina, en Patri, en toda su fé recompensada y en el hermano que viene en camino, y piensa que todo lo demás ya no importa, ya no.

Mamá le manda que se valla a casa con la abuela, se ha echo tarde, al día siguiente podrá ver a su padre, ella acepta después de una discusión medio alegre, le dá un beso a su madre y otro a su barriga.
Llega a casa. Marina ya está acostada, el abuelo está sentado en el sofá blanco, y sostiene en su cara una sonrisa alegre, ha echo tallarines para cenar.

-Abuelo.
- Cariño, ¿como está papá? Emma sonríe tanto que parece que se le va a desencajar la mandívula.
- Fuera de peligro.
Y Emma rompe a llorar . La abuela la abraza y otra vez lloran de felicidad, maldito día aquel de sol, y que suerte han tenido... suerte que no todo el mundo tiene, y piensa en Jimmy.
Sube a la habitación de Marina, la tapa, la besa, y le prepara el uniforme.
Va a su ropero y se desviste, se pone unos pantalones cortos nike, unos trainers adidas y una sudadera Reebook. Llama a chanel, que baja corriendo desde la biblioteca, minúscula, feliz.

- ¿os quedais un ratito más? tengo que sacar a Chanel y me apetece correr un rato, ¿os importa?
- No cariño, teníamos pensado quedarnos. No tardes mucho.
-No os preocupeis llevo el móvil ¿vale?

Las llaves, otra vez, donde las habrá metido..
Y le vuelve a dar igual, y se va con su ritmo rápido. Con unas ganas inmensas de llegar a casa de Jimmy. Llega a aquel bloque de edificios en menos de diez minutos, y lo mira sentado en un banco, hojeando el marca.
Va por detrás y le tapa los ojos, él se sobresalta un poco, pero enseguida le sujeta las manos, y la agarra como si no quisiera dejarla escapar nunca. Y nota su sonrisa radiante, y se levanta y la besa, se besan mil veces bajo aquellos árboles. Y después se sientan en el banco, y hablan, y hablan, y sonríen como dos tontos, y se miran, y se vuelven a besar, mientras Chanel corretea por aquí y por allá.

Algo después caminan lento, de la mano, como en una película de amor, una escena perfecta para el final de esta história, pero las cosas no terminan nunca.
Papá papá papá...

Al entrar en casa mira el reloj de la mesita, las once y media. Llama a Carola, con la única que no ha hablado todavía, su móbil destartalado, aveces está sin estar. Ella se pone más contenta que un ocho, y en dos minutos la tiene en la puerta. Y comen tallarines del abuelo, y duermen en las hamacas de la habitación de Emma y se abrazan y se rien, como hace un año, como llevaban haciendo toda la vida hasta aquel día de sol. Y se dan cuenta de que aquella pausa larga se ha desvanecido, se ha ido con el frío.

Y el día siguiente amanece soledo, bonito, con la mejor de las sonrisas.

miércoles, 2 de junio de 2010

Capítulo 7

Emma está en el jardín, sentada en una tumbona tostada, camiseta blanca basica y leggin oscuro, coleta alta. Inalambrico verde y móvil en una mesita de coco. Pensamientos encerrados, Marina está jugando en su casita de madera, Jimmy se ha ido, y mamá no llega. Se inmiscue en su lectura y coge un bic negro para subrayar las frases que le rocen los sentimientos, pero no aparecen...

La tarde pasa ajena, y muy muy despacio, a menudo suena el telefono, pero la llamada que espera, se retrasa, y como siempre, la invaden novecientas preguntas distintas, pero todas la yevan a un mismo punto de partida.

Suena fall for you en su móvil. Mensaje. Es de mamá.

= Emma, deja a tu hermana en casa de la abuela y ven. Cuando llegues, llamame. Te quiero =

Algo extraño le sube por la garganta y una lágrima resvala, todavía son las seis y veinte.
-Marina vamos.
-¿a donde?
- Vamos.

Sube rápido se pone unos levis y una camiseta de La Martina verde, tenis chaqueta y bolso marrones ¿y las llaves? Dá un paseo por toda la casa sin encontrarlas, pero le dá igual.
Marina la espera sentada en las escaleras con una chaqueta de lana rosa de Benetton, preciosa.
Deja a la niña con el abuelo, la abuela está en el hospital. Mal asunto. Asustada coge un taxi.
Antes de llegar vuelve a sonar fall for you.
=Te espero en la cafetería=

Llega a la cafetería, su madre la abraza y llora un poco, pero son lágrimas distintas a todas las que ha visto antes, parecen más ¿felices?
- Mamá, dime algo porfavor.
- Papá está fuera de peligro.
- ¿En serio?
- Si, mi amor.
Las dos sonrien como tontas, se abrazan mil veces y se dan abrazos de eses que perduran toda la vida en la memoria, de eses de felicidad, de ganas de gritar de alegría, de llorar y llorar de felicidad. Ha pasado tanto tiempo. Emma no dá crédito.

¿Fin de la pesadilla? Sí, quizás.
El destino sabe ser caprichoso, hace regalos extraños, buenos y malos, pero siempre elige el momento con una cautela abominable.