domingo, 6 de junio de 2010

Capítulo 8

Su mente todavía tarda en reaccionar.
Papá, duerme, solo duerme, en unas horas podrá hablar con él, preguntarle todas esas cosas que se ha guardado todo este tiempo, estos meses, meses de solo pensar en Mario, ese de quien ha heredado los ojos y la mala leche, ese al que podrá volver a abrazar. Y piensa en Marina, en Patri, en toda su fé recompensada y en el hermano que viene en camino, y piensa que todo lo demás ya no importa, ya no.

Mamá le manda que se valla a casa con la abuela, se ha echo tarde, al día siguiente podrá ver a su padre, ella acepta después de una discusión medio alegre, le dá un beso a su madre y otro a su barriga.
Llega a casa. Marina ya está acostada, el abuelo está sentado en el sofá blanco, y sostiene en su cara una sonrisa alegre, ha echo tallarines para cenar.

-Abuelo.
- Cariño, ¿como está papá? Emma sonríe tanto que parece que se le va a desencajar la mandívula.
- Fuera de peligro.
Y Emma rompe a llorar . La abuela la abraza y otra vez lloran de felicidad, maldito día aquel de sol, y que suerte han tenido... suerte que no todo el mundo tiene, y piensa en Jimmy.
Sube a la habitación de Marina, la tapa, la besa, y le prepara el uniforme.
Va a su ropero y se desviste, se pone unos pantalones cortos nike, unos trainers adidas y una sudadera Reebook. Llama a chanel, que baja corriendo desde la biblioteca, minúscula, feliz.

- ¿os quedais un ratito más? tengo que sacar a Chanel y me apetece correr un rato, ¿os importa?
- No cariño, teníamos pensado quedarnos. No tardes mucho.
-No os preocupeis llevo el móvil ¿vale?

Las llaves, otra vez, donde las habrá metido..
Y le vuelve a dar igual, y se va con su ritmo rápido. Con unas ganas inmensas de llegar a casa de Jimmy. Llega a aquel bloque de edificios en menos de diez minutos, y lo mira sentado en un banco, hojeando el marca.
Va por detrás y le tapa los ojos, él se sobresalta un poco, pero enseguida le sujeta las manos, y la agarra como si no quisiera dejarla escapar nunca. Y nota su sonrisa radiante, y se levanta y la besa, se besan mil veces bajo aquellos árboles. Y después se sientan en el banco, y hablan, y hablan, y sonríen como dos tontos, y se miran, y se vuelven a besar, mientras Chanel corretea por aquí y por allá.

Algo después caminan lento, de la mano, como en una película de amor, una escena perfecta para el final de esta história, pero las cosas no terminan nunca.
Papá papá papá...

Al entrar en casa mira el reloj de la mesita, las once y media. Llama a Carola, con la única que no ha hablado todavía, su móbil destartalado, aveces está sin estar. Ella se pone más contenta que un ocho, y en dos minutos la tiene en la puerta. Y comen tallarines del abuelo, y duermen en las hamacas de la habitación de Emma y se abrazan y se rien, como hace un año, como llevaban haciendo toda la vida hasta aquel día de sol. Y se dan cuenta de que aquella pausa larga se ha desvanecido, se ha ido con el frío.

Y el día siguiente amanece soledo, bonito, con la mejor de las sonrisas.

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