miércoles, 2 de junio de 2010

Capítulo 7

Emma está en el jardín, sentada en una tumbona tostada, camiseta blanca basica y leggin oscuro, coleta alta. Inalambrico verde y móvil en una mesita de coco. Pensamientos encerrados, Marina está jugando en su casita de madera, Jimmy se ha ido, y mamá no llega. Se inmiscue en su lectura y coge un bic negro para subrayar las frases que le rocen los sentimientos, pero no aparecen...

La tarde pasa ajena, y muy muy despacio, a menudo suena el telefono, pero la llamada que espera, se retrasa, y como siempre, la invaden novecientas preguntas distintas, pero todas la yevan a un mismo punto de partida.

Suena fall for you en su móvil. Mensaje. Es de mamá.

= Emma, deja a tu hermana en casa de la abuela y ven. Cuando llegues, llamame. Te quiero =

Algo extraño le sube por la garganta y una lágrima resvala, todavía son las seis y veinte.
-Marina vamos.
-¿a donde?
- Vamos.

Sube rápido se pone unos levis y una camiseta de La Martina verde, tenis chaqueta y bolso marrones ¿y las llaves? Dá un paseo por toda la casa sin encontrarlas, pero le dá igual.
Marina la espera sentada en las escaleras con una chaqueta de lana rosa de Benetton, preciosa.
Deja a la niña con el abuelo, la abuela está en el hospital. Mal asunto. Asustada coge un taxi.
Antes de llegar vuelve a sonar fall for you.
=Te espero en la cafetería=

Llega a la cafetería, su madre la abraza y llora un poco, pero son lágrimas distintas a todas las que ha visto antes, parecen más ¿felices?
- Mamá, dime algo porfavor.
- Papá está fuera de peligro.
- ¿En serio?
- Si, mi amor.
Las dos sonrien como tontas, se abrazan mil veces y se dan abrazos de eses que perduran toda la vida en la memoria, de eses de felicidad, de ganas de gritar de alegría, de llorar y llorar de felicidad. Ha pasado tanto tiempo. Emma no dá crédito.

¿Fin de la pesadilla? Sí, quizás.
El destino sabe ser caprichoso, hace regalos extraños, buenos y malos, pero siempre elige el momento con una cautela abominable.

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