viernes, 30 de abril de 2010

Capítulo 6

Mario abre un ojo, pero al verse colmado en la realidad, sus dolores musculares y la sala de un quirofano, vuelve a cerrarlo.

-Cariño, estoy aquí.

Abre el mismo ojo, el derecho, y la mira. Rubia, con su sonrisa cansada, acompañada de unas largas ojeras y unas patas de gallo bastante marcadas, muestra de todos sus años recorridos. Comprende. Y comienza a recordar sus conversaciones, sus besos, su forma de hacer el amor, sus viajes, sus miedos, la casa de la playa, la ropa rosa, las cremitas obligatorias... las niñas... Se mueve y mira su barriga... Dios mio ¿pero cuanto tiempo ha pasado ya?
Abre los dos ojos, intenta coger la mano de su mujer, pero no puede, no sabe donde se ha metido, piensa en aquel día soleado...
-Emm...ma... Emm..ma
- Tranquilo mi amor, descansa, Emma te está esperando, lleva haciéndolo todo este tiempo.
Mario, por orden de los médicos, consigue dormirse, otra vez, pero de una manera distinta. Más vivo.

El día amanece más soleado, más felíz. Emma sube a la buardilla, todavía en pijama, y busca aquí y allá, el libro de tomas falsas de papá, aquella caja gris, con los rollos de su polaroid, alumbra la estancia con una linterna de leroy merlin, comprada años atrás. Encuentra el libro, en la primera página, hay grabados dos nombres. Mario y Roberto. Comienza a leer, y recuerda cuando papá le decía que si algún día se sentía con ganas de leerselo de un tirón, no tenía más que buscarlo.
El libro esta lleno de anotaciones graciosas, rebosan vida y momentos gastados, momentos en mente, contestaciones cortantes, cosas demasiado vivas.
-Emmaaaaaaaaaaa ¿dónde estás?
- Aquí Jimmy, bajo ahora mismo.
Se calza la zapatilla a rayas verdes, que se ha quedado tres metros a un lado. Tropieza con n libro de cuentos rosa, de eses que tienen "un cuento para cada día"
En el, hay otra foto. Mario lleva un camisero blanco, unas ray ban antiguas, pantalón amarillo y sandalias gastadas, sus dedos gordos, feos. Tiene a una niña en brazos, ojos verdes grandes, morena, camisero lacoste amarillo clarito y pantalón blanco, gorro rosa palo, muy bebé, tan guapa. Otra vez las dudas acorralan la cabeza de Emma, ¿y si esto es la preparación de lo peor? ¿y si no vuelve a subir aquí conmigo? Le inundan una barabarid de ¿y si?, Una lágrima se hace polvo. Baja.
¿Que tiene pensado mamá? ¿Por que no llama?

Jimmy y Marina están embobados viendo bob esponja, la tele, está en el mueble nuevo, osea viejo, el del anticuario, el de papá.
La mañana pasa acompañada de zumo de naranja, tostadas, manta y sofá.
Se sumergen en la incertidumbre, esperan la llamada de su madre, al fin, en un mensaje le informa que papá lleva ocho horas en quirófano.
Emma se enfada primero, debería haberlo sabido antes, pero en eses momentos se deja llevar por la euforia, por la alegría, siete meses y tres días.
Está despierto. Pero la operación es larga, y con ella, la mañana se hace más larga aun.

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