domingo, 25 de abril de 2010

Capítulo 5

Día pasado, día roto. Día nuevo.
La luz entra por las lineas de la persiana, Chanel encima de su barriga, ronronea. Emma mueve su nórdico hacia un lado y mira el despertador. Las siete y ocho minutos. Levanta la persiana y se mira las ojeras en el espejo del baño. Se mete en la ducha y escucha los 40 principales, una canción que no entiende la alegra sin saber porqué. Se deja la toalla en el pelo, se pone primero los calcetines blancos del uniforme, el polo del mismo color, la falda azul y coge el jersey. Le faltan los zapatos.
Su madre está dándole el desayuno a Marina, la televisión apagada. Raro.
-Buenos días.
-Marina tómate la leche ya.
Emma hunta una tostada con mermelada de arándanos y echa copos de avena en una taza. Enciende la televisión, su madre la mira con cara de pocos amigos.
- ¿Este canal es bob esponja veinticuatro horas o que?
- Por eso le apague la tele a Marina, no para de verlo y no toma la leche.
Sonríen.
- ¿Que tal ayer? llegue tarde de trabajar.
- Bien, me quedé sola con él.
Patri sonríe como señal de aprobación y mirando una cita que está colgada en la nevera se le ocurre una idea.
- ¿Quieres venir conmigo a la ecografía? es la última. Emma sonríe mucho, no se lo esperaba.
-Claro mamá, por supuesto, no sabía que fuera hoy. ¿me voy a cambiar no?

Marina vuelve a sus dibujos quejándose por no poder ir. Emma sube a cambiarse. Camisa a rayas rosas de Ralph Lauren, con unos pantalones pitillos marrones de Cachemir y su trenca marrón.

Mamá sale de cuentas en un par de semanas, piensa en el coche. Las lágrimas parecen delatarla. Patri la mira y le dá la mano. Es tan fuerte.
Al salir del médico se van de compras, entran una tienda de retales y eligen la tela de unas sábanas para la habitación del niño y la llevan a una mercería. Van a pórtico y eligen unos marcos azules con unos detalles en amarillo y compran una cesta con una tela amarilla para meter los pañales y ponerla en el baño del niño. La habitación está quedando preciosa.
Comen en un Fresco una ensalada y un batido de platano y mango. Recogen a Marina en el colegio a las tres y la llevan a ballet. La profesora intenta convencer a Emma para que se decida a volver a ensayar un par de días, pero no se siente con fuerzas, le dice que se lo pensará. A los dos minutos ya ni se acuerda de la promesa.
El día pasa sin más ni más. Emma, se pasa la tarde colocando un par de cosas en la habitación de su nuevo hermano y discutiendo con su madre por la decisión de la cuna. Encuentran una muy cuca en la revista de IKEA y deciden ir a encargarla.

A las once suena el teléfono. Patri sonrie a Emma, coge el abrigo y saliendo por la puerta rapidísimo le dice a Emma que la mira con cara de cadáver.
-Papá se ha despertado Emma, te llamo después, cuida de tu hermana. Te quiero.
-Mamaaaa

La puerta se cierra.

Inmediatamente, casi sin querer marca el número de Jimmy. A los veinte minutos aparece en la puerta con una sudadera de element gris, gastada, Converse y chandal Adidas, despeinado. Las buenas noticias lo hacen más guapo.
Sin apenas palabras se observan, acaban por besarse despacio, bonito, lento, se dan su primer beso uno de ese que no quieres que terminen nunca. Uno de eses que no se repiten.
Se sientan en el sofá y hablan, nerviosos, con esa cara de embobados, ahora los dos. Marina los mira desde la puerta del salón, Emma la mira y la coge en brazos, la sienta en el sofá y ponen una peli, Marina no lo entiende muy bien y curiosa pregunta, Emma no quiere ilusionarla y solo le dice que mamá ha tenido que salir al hospital.

Emma y Marina se duermen rápido, Jimmy las tapa con una manta. El también se queda dormido.
En la mente de Emma un buen presentimiento se acentúa. Papá vuelve.

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