Sergio es un niño precioso, pero precioso, se parece mucho a Marina, pero tiene mis ojos, la naríz de papá y las orejas de mamá, y si que es verdad, existen los bebes feos, pero Sergio es precioso, tiene esa capacidad de dejarte atontada mientras miras como se frota esos pequeños ojos con esas minúsculas manos...
Mamá y papá son felices, tan felices como la sonrisa que se te pone cuando sale el arco iris después de una mañana de lluvia en cualquier parte, como cuando vas en una góndola por Venecia y las calles parecen absorvidas por los cúmulos de casas que te dan esa sensación de saciedad absoluta, como cuando aterrizas con un avión y sientes que, gracias a dios ha salido todo bien, como una persona que se despierta de un coma y le nace un bebé precioso, como en el final de una película, como los atardeceres y los vaqueros... Vida cómoda, ligera...
Dicen que cuando eres adolescente las cosas se ven de otro modo, que no podemos esperar que mañana valla a ir todo mejor que hoy... los dolores influyen y hacen daño, y eres capáz de pegarte la misma ostia miles de veces y no aprender nada de ella....
Estoy cuidando de Sergio en el jardín en frente de la piscina, y apenas corre el viento, Marina juguetea en el borde. Parece más mallor ultimamente, hace unos días, enfadada y celosa de las atenciones hacia su nuevo hermano se fue a dormir al coche para esperar a papá por la mañana... Marina y sus ocurrencias, al entrar en casa en brazos de papá indignada le dijo a papá que la dejara en suelo, que ya era mayor. Pequeña... incluso estes días se ata los cordones de sus zapatillas nike ella solita.
Me encanta que hallan terminado las clases, a pesar de ser el peor año hasta la fecha he sacado las mejores notas de mi vida, y estoy pensando en volver a nadar, intento concentrarme en saber que es lo que me gusta hacer, que me gustaría estudiar al teminar bachillerato. Ya lo he pensado, miles de veces, nosé, no lo sé. Me encantaría poder hacer anuncios, mis preferidos son los de coca cola, como aquel que corrían miles de personas y aparecía el hombre más mallor de ahora mismo no sé que sitio y decía que la felicidad está en las pequeñas cosas, o cómo ese de Shakira en el que dice "no es lo que tengo, es lo que soy"... también me encantan los anuncios de detergentes, como ese de ariel que los niños corren entre sábanas blancas, creo que a ello se debe mi obsesión por los la ropa de cama de ese color, esa sensación fresca que transmiten, nosé...
Escucho el telefonillo y abro los ojos, la hierva crece un poco alta ya. Sergio ni se imuta sigue dormido, inocencia infantil..
Marina en cambio se está calzando y corre hacia la puerta tirando con unos folios que están encima de la mesita de madera, tras saltar por encima de Chanel y esquivar un par de jarrones feos abre la puerta. Me alejo a toda marcha de mis pensamientos y escucho lo que esa pequeña traviesa regalasonrisas dice...
- Holaaaaaaaaa
-......
-Si si que está, pasa pasa, mi madre no está y nos está cuidando.
Y oigo la voz de Jimmy, esa voz que me transmite escalofríos y retortijones, esa que me dice cosas al oído y me repite que soy la mujer perfecta, ese que alimenta mis sueños y me hace sentir, que ya no estoy aquí...
- ¿Emma?
Dejo a Sergio en su cuco y me levanto, lo miro, guapo, como siempre, con ese pantalón corto blanco y esa chaqueta a tres colores
-Holaaa - le doy un beso fugaz en los labios.
Suena el interfono otra vez, Marina corre, y mamá entra derepente por la puerta tirando al suelo uno de los jarrones feos. La escuchamos reirse al ver a Marina.
- Mamá lo has roto.
- Era horroroso...
-Puedo romper este yo?
- No cariño
- boh
Jimmy me mira y los dos nos reimos como tontos.
Mamá coge a Sergio del cuco y me echa la bronca por no tenerle una chaqueta, las madres del mundo están empeñadas en que los niños es preferible que pasen calor.... Me dice que se va al parque con los niños, que el trabajo es agoviante, que estudiar era lo mejor del mundo, y noseé
que cientos de cosas más me está diciendo, porque yo ya estoy perdida en la sonrisa de Jimmy... En cuanto mamá entra en casa, lo cojo de la mano y le sonrio, subimos corriendo las escaleras, entramos en mi habitación y me siento en la repisa de la ventana, se acerca, me va a dar un beso, y yo me resisto, giro la cabeza, y el vuelve a insistir, cuando estoy a punto de abandonar por completo mi boca, es el quién se aparta. Nos miramos. Sonreímos. Y volvemos al mismo juego,me agarra de los brazos, sutíl, y me tira en la alfombra. Se enreda en mi pelo, me abandono, ahora sí. Ahora sí.
Se escuchan las escaleras y me siento en el suelo. Entra Marina.
- Dice mamá que bajeis a la piscina si quereis, ah, y que nosotros nos vamos.
- Vale guapita - le sonrío y pongo la mejilla para un beso. Me lo dá y me abraza. Y me coge un fular de corazones rojos que hay sobre la cama. Y se va así, sintiendose mayor, guapa, aveces me encantaría mirar cuánto va a ser como yo. La quiero, la adoro.
Y Jimmy me envuelve en un nuevo beso largo, y se olle la puerta de la entrada que se cierra, y acerca su mano a el botón de mis levis, y yo le acaricio el pelo. Y encendemos un terremoto de pasiones en el que cae todo lo que es ropa, y el ambiente capta un olor nuevo y sus ojos se vuelven más marrones y todo se hace perfecto en un abrir y cerrar de ojos... todo fluye, y vuelve a ser tan o más especial que la primera vez con él. Muy diferente a la primera vez con otro, aquel verano en aquella playa en aquel instante de mi vida. Y es cierto que las cosas suceden unica y exclusivamente una vez, pero eso no quita que las cosas unicas seas mejorables, hasta el punto de cambiar el mundo.
miércoles, 14 de septiembre de 2011
domingo, 27 de junio de 2010
Capítulo 9
Sus ojos se iluminan, y una sonrisa dibuja su cara. No puede imaginar esa sensación, ver a tus hijas después de tanto tiempo, y abrazarlas, y quererlas mucho, y pensar en la vida, en las ganas de luchar por ellas y de tener mucha fuerza para hacerlo durante tiempo y tiempo. Estar al borde de la muerte, y tener la carga constante de que has puesto en pelígro la vida que un día regalaste. Vale. Se acabó. Fuera pensamientos negativos.
Mario se acomoda en la cama, y no deja de sonreir, no le dá llegado la hora.
Piensa, recuerda, imagina...
Marina entra en la habitación corriendo, lo abraza, un abrazo profundo, lleno de sentimientos, y se miran y se vuelven a abrazar. Marina le dá una caja.
Mario con los ojos llorosos mira hacia la puerta.
Que guapa está, pantalón color crema, camiseta y bailarinas verde oscuro con una chaqueta de flores, trenza entera. Emma se acerca, Mario la abraza, ha crecido tanto. Y le sonríe y echa una ojeada una ojeada a su niño y una sonrisa de amor para su mujer, y empieza a llorar, sin saber si de felicidad, como si algo se le hubiera clavado un poquito, como si se diera cuenta en ese preciso momento de lo bella que puede llegar a ser la vida.
Pero...
Mario con los ojos llorosos mira hacia la puerta.
Que guapa está, pantalón color crema, camiseta y bailarinas verde oscuro con una chaqueta de flores, trenza entera. Emma se acerca, Mario la abraza, ha crecido tanto. Y le sonríe y echa una ojeada una ojeada a su niño y una sonrisa de amor para su mujer, y empieza a llorar, sin saber si de felicidad, como si algo se le hubiera clavado un poquito, como si se diera cuenta en ese preciso momento de lo bella que puede llegar a ser la vida.
Pero...
Cuantas cosas se ha perdido...
- Papá, abré la caja, abre la cajaa.
- Voy mi vida.
La coge, dentro hay un albúm de fotos precioso, verde pistacho y esta datado desde justo una semana después del accidente hasta el día anterior.
Y fotos, tristes, de cada día, algo más felices, de Marina, de mamá, de Emma, de la barriga, y de gente, en el salón en la cocina, delante de su nuevo mueble y levanta la cabeza y sonríe, y sique pasando fotos y más fotos. Fotos que muestran casi un año que él se ha perdido, pero se siente algo mejor, como si de algún modo, pensándolo estuviera un poquito más despierto, sacando esas fotos para él.
Emma, se siente genial, que buena idea, papá sonreía hace dos minutos tansolo por estar vivo, ahora sonríe porque le hemos devuelto un poquito de estos meses perdidos.
Los días pasan agenos, inundados de felicidad simple, con un motivo claro, y esque no hay mejor cosa que sonreir por estar en este mundo.
Han dejado atrás los días bajos y han llegado los rallados de sol hasta las trancas. Emma se levanta sonrriente y corre a lavarse los dientes, hoy ingresan a su madre, es posible que hoy, cambie su vida, un nuevo hermano. Y piensa en hace cinco años, cuando vió a Marina, y le pareció el bebé más feo del mundo, y la mira, que está dormida en su cama, tan guapa. Y piensa en su miedo a los truenos del día anterior. Pobrecilla.
Se mete en la ducha, escucha ruidos en su habitación.
- Paraaa mamá. Y risas, enérgicas, felices...
Está tan feliz, dios mio, parece aver perdido unos años estas semanas...
-Mujercitas, rápido cada una a ducharse, deberíais aprender de Emma, que seguro que ya está pensando en que ponerse. Y eleva la voz. ¿o no mi amor?
Emma sonríe, baja la música y grita
-Obvioooo. Y escucha como los tres, mejor dicho, los cuatro, se ríen y cuchichean. Emma vuelve a subir la música, suena "Las nubes de tu pelo" de fito.
Y piensa en Jimmy, en una discusión de hace un par de días, y la reconciliación, al lado de la fuente enorme que hay en una de las plazas del centro, y luego corriendo, como dos niños a los que se les termina la tarde. Y luego en el puerto, al lado de aquel faro minúsculo y ridículo que contiene escritos preciosos, barbaridades y tonterías, con tipest, con permanente o con la punta de una llave.
Sonríe. Como ha cambiado mi vida ultimamente.
Suspira y sale de la ducha, se mete en el ropero y se pone unas braguitas con un sujetador gris plata, polo y tenis blancos de lacoste con unos vaqueros y un cinto de Tommy Hilfiguer rojo azul marino y blanco. Vuelve al baño y se mira las puntas, se corta algunas con sus tijeras amarillas y se quita un azul vulgar del que tiene pintado las uñas. Se seca el pelo y se pone dos orquillas hacia el lado derecho. Desayunan todos juntos, la última vez sin el niño que todavía no tiene un nombre claro. Bob esponja en la tele y Mario que lee algunas noticias interesantes del periódico, y a Emma, le parece que es lo único que le apetece escuchar.
¿Sabes esa felicidad que te inunda, esa que parece no ser real, esa que semeja ser mentira? Emma siente las mariposas que alimentan tal felicidad.
Ya en el coche dejan a Marina en el cole, y se van al hospital.
Emma está nerviosa, su padre está seguro, piensa que lo malo de la vida ya ha pasado, que le quedan doscientos millones de momentos preciosos y que está a punto de vivir el siguiente, y el tercero en su lista de los mejores. Ella, mamá, no está preocupada, todo ha ido bien, ya no cree en los problemas, respira, entablando conversación con su matrona.
Mario va a asistir al parto, que será bajo el agua, es genial, el niño nacerá de la misma manera que Marina. Esperan con la más delicadeza y relajación que se puede tener...
-Mujercitas, rápido cada una a ducharse, deberíais aprender de Emma, que seguro que ya está pensando en que ponerse. Y eleva la voz. ¿o no mi amor?
Emma sonríe, baja la música y grita
-Obvioooo. Y escucha como los tres, mejor dicho, los cuatro, se ríen y cuchichean. Emma vuelve a subir la música, suena "Las nubes de tu pelo" de fito.
Y piensa en Jimmy, en una discusión de hace un par de días, y la reconciliación, al lado de la fuente enorme que hay en una de las plazas del centro, y luego corriendo, como dos niños a los que se les termina la tarde. Y luego en el puerto, al lado de aquel faro minúsculo y ridículo que contiene escritos preciosos, barbaridades y tonterías, con tipest, con permanente o con la punta de una llave.
Sonríe. Como ha cambiado mi vida ultimamente.
Suspira y sale de la ducha, se mete en el ropero y se pone unas braguitas con un sujetador gris plata, polo y tenis blancos de lacoste con unos vaqueros y un cinto de Tommy Hilfiguer rojo azul marino y blanco. Vuelve al baño y se mira las puntas, se corta algunas con sus tijeras amarillas y se quita un azul vulgar del que tiene pintado las uñas. Se seca el pelo y se pone dos orquillas hacia el lado derecho. Desayunan todos juntos, la última vez sin el niño que todavía no tiene un nombre claro. Bob esponja en la tele y Mario que lee algunas noticias interesantes del periódico, y a Emma, le parece que es lo único que le apetece escuchar.
¿Sabes esa felicidad que te inunda, esa que parece no ser real, esa que semeja ser mentira? Emma siente las mariposas que alimentan tal felicidad.
Ya en el coche dejan a Marina en el cole, y se van al hospital.
Emma está nerviosa, su padre está seguro, piensa que lo malo de la vida ya ha pasado, que le quedan doscientos millones de momentos preciosos y que está a punto de vivir el siguiente, y el tercero en su lista de los mejores. Ella, mamá, no está preocupada, todo ha ido bien, ya no cree en los problemas, respira, entablando conversación con su matrona.
Mario va a asistir al parto, que será bajo el agua, es genial, el niño nacerá de la misma manera que Marina. Esperan con la más delicadeza y relajación que se puede tener...
domingo, 6 de junio de 2010
Capítulo 8
Su mente todavía tarda en reaccionar.
Papá, duerme, solo duerme, en unas horas podrá hablar con él, preguntarle todas esas cosas que se ha guardado todo este tiempo, estos meses, meses de solo pensar en Mario, ese de quien ha heredado los ojos y la mala leche, ese al que podrá volver a abrazar. Y piensa en Marina, en Patri, en toda su fé recompensada y en el hermano que viene en camino, y piensa que todo lo demás ya no importa, ya no.
Mamá le manda que se valla a casa con la abuela, se ha echo tarde, al día siguiente podrá ver a su padre, ella acepta después de una discusión medio alegre, le dá un beso a su madre y otro a su barriga.
Llega a casa. Marina ya está acostada, el abuelo está sentado en el sofá blanco, y sostiene en su cara una sonrisa alegre, ha echo tallarines para cenar.
-Abuelo.
- Cariño, ¿como está papá? Emma sonríe tanto que parece que se le va a desencajar la mandívula.
- Fuera de peligro.
Y Emma rompe a llorar . La abuela la abraza y otra vez lloran de felicidad, maldito día aquel de sol, y que suerte han tenido... suerte que no todo el mundo tiene, y piensa en Jimmy.
Sube a la habitación de Marina, la tapa, la besa, y le prepara el uniforme.
Va a su ropero y se desviste, se pone unos pantalones cortos nike, unos trainers adidas y una sudadera Reebook. Llama a chanel, que baja corriendo desde la biblioteca, minúscula, feliz.
- ¿os quedais un ratito más? tengo que sacar a Chanel y me apetece correr un rato, ¿os importa?
- No cariño, teníamos pensado quedarnos. No tardes mucho.
-No os preocupeis llevo el móvil ¿vale?
Las llaves, otra vez, donde las habrá metido..
Y le vuelve a dar igual, y se va con su ritmo rápido. Con unas ganas inmensas de llegar a casa de Jimmy. Llega a aquel bloque de edificios en menos de diez minutos, y lo mira sentado en un banco, hojeando el marca.
Va por detrás y le tapa los ojos, él se sobresalta un poco, pero enseguida le sujeta las manos, y la agarra como si no quisiera dejarla escapar nunca. Y nota su sonrisa radiante, y se levanta y la besa, se besan mil veces bajo aquellos árboles. Y después se sientan en el banco, y hablan, y hablan, y sonríen como dos tontos, y se miran, y se vuelven a besar, mientras Chanel corretea por aquí y por allá.
Algo después caminan lento, de la mano, como en una película de amor, una escena perfecta para el final de esta história, pero las cosas no terminan nunca.
Papá papá papá...
Al entrar en casa mira el reloj de la mesita, las once y media. Llama a Carola, con la única que no ha hablado todavía, su móbil destartalado, aveces está sin estar. Ella se pone más contenta que un ocho, y en dos minutos la tiene en la puerta. Y comen tallarines del abuelo, y duermen en las hamacas de la habitación de Emma y se abrazan y se rien, como hace un año, como llevaban haciendo toda la vida hasta aquel día de sol. Y se dan cuenta de que aquella pausa larga se ha desvanecido, se ha ido con el frío.
Y el día siguiente amanece soledo, bonito, con la mejor de las sonrisas.
Papá, duerme, solo duerme, en unas horas podrá hablar con él, preguntarle todas esas cosas que se ha guardado todo este tiempo, estos meses, meses de solo pensar en Mario, ese de quien ha heredado los ojos y la mala leche, ese al que podrá volver a abrazar. Y piensa en Marina, en Patri, en toda su fé recompensada y en el hermano que viene en camino, y piensa que todo lo demás ya no importa, ya no.
Mamá le manda que se valla a casa con la abuela, se ha echo tarde, al día siguiente podrá ver a su padre, ella acepta después de una discusión medio alegre, le dá un beso a su madre y otro a su barriga.
Llega a casa. Marina ya está acostada, el abuelo está sentado en el sofá blanco, y sostiene en su cara una sonrisa alegre, ha echo tallarines para cenar.
-Abuelo.
- Cariño, ¿como está papá? Emma sonríe tanto que parece que se le va a desencajar la mandívula.
- Fuera de peligro.
Y Emma rompe a llorar . La abuela la abraza y otra vez lloran de felicidad, maldito día aquel de sol, y que suerte han tenido... suerte que no todo el mundo tiene, y piensa en Jimmy.
Sube a la habitación de Marina, la tapa, la besa, y le prepara el uniforme.
Va a su ropero y se desviste, se pone unos pantalones cortos nike, unos trainers adidas y una sudadera Reebook. Llama a chanel, que baja corriendo desde la biblioteca, minúscula, feliz.
- ¿os quedais un ratito más? tengo que sacar a Chanel y me apetece correr un rato, ¿os importa?
- No cariño, teníamos pensado quedarnos. No tardes mucho.
-No os preocupeis llevo el móvil ¿vale?
Las llaves, otra vez, donde las habrá metido..
Y le vuelve a dar igual, y se va con su ritmo rápido. Con unas ganas inmensas de llegar a casa de Jimmy. Llega a aquel bloque de edificios en menos de diez minutos, y lo mira sentado en un banco, hojeando el marca.
Va por detrás y le tapa los ojos, él se sobresalta un poco, pero enseguida le sujeta las manos, y la agarra como si no quisiera dejarla escapar nunca. Y nota su sonrisa radiante, y se levanta y la besa, se besan mil veces bajo aquellos árboles. Y después se sientan en el banco, y hablan, y hablan, y sonríen como dos tontos, y se miran, y se vuelven a besar, mientras Chanel corretea por aquí y por allá.
Algo después caminan lento, de la mano, como en una película de amor, una escena perfecta para el final de esta história, pero las cosas no terminan nunca.
Papá papá papá...
Al entrar en casa mira el reloj de la mesita, las once y media. Llama a Carola, con la única que no ha hablado todavía, su móbil destartalado, aveces está sin estar. Ella se pone más contenta que un ocho, y en dos minutos la tiene en la puerta. Y comen tallarines del abuelo, y duermen en las hamacas de la habitación de Emma y se abrazan y se rien, como hace un año, como llevaban haciendo toda la vida hasta aquel día de sol. Y se dan cuenta de que aquella pausa larga se ha desvanecido, se ha ido con el frío.
Y el día siguiente amanece soledo, bonito, con la mejor de las sonrisas.
miércoles, 2 de junio de 2010
Capítulo 7
Emma está en el jardín, sentada en una tumbona tostada, camiseta blanca basica y leggin oscuro, coleta alta. Inalambrico verde y móvil en una mesita de coco. Pensamientos encerrados, Marina está jugando en su casita de madera, Jimmy se ha ido, y mamá no llega. Se inmiscue en su lectura y coge un bic negro para subrayar las frases que le rocen los sentimientos, pero no aparecen...
La tarde pasa ajena, y muy muy despacio, a menudo suena el telefono, pero la llamada que espera, se retrasa, y como siempre, la invaden novecientas preguntas distintas, pero todas la yevan a un mismo punto de partida.
Suena fall for you en su móvil. Mensaje. Es de mamá.
= Emma, deja a tu hermana en casa de la abuela y ven. Cuando llegues, llamame. Te quiero =
Algo extraño le sube por la garganta y una lágrima resvala, todavía son las seis y veinte.
-Marina vamos.
-¿a donde?
- Vamos.
Sube rápido se pone unos levis y una camiseta de La Martina verde, tenis chaqueta y bolso marrones ¿y las llaves? Dá un paseo por toda la casa sin encontrarlas, pero le dá igual.
Marina la espera sentada en las escaleras con una chaqueta de lana rosa de Benetton, preciosa.
Deja a la niña con el abuelo, la abuela está en el hospital. Mal asunto. Asustada coge un taxi.
Antes de llegar vuelve a sonar fall for you.
=Te espero en la cafetería=
Llega a la cafetería, su madre la abraza y llora un poco, pero son lágrimas distintas a todas las que ha visto antes, parecen más ¿felices?
- Mamá, dime algo porfavor.
- Papá está fuera de peligro.
- ¿En serio?
- Si, mi amor.
Las dos sonrien como tontas, se abrazan mil veces y se dan abrazos de eses que perduran toda la vida en la memoria, de eses de felicidad, de ganas de gritar de alegría, de llorar y llorar de felicidad. Ha pasado tanto tiempo. Emma no dá crédito.
¿Fin de la pesadilla? Sí, quizás.
El destino sabe ser caprichoso, hace regalos extraños, buenos y malos, pero siempre elige el momento con una cautela abominable.
La tarde pasa ajena, y muy muy despacio, a menudo suena el telefono, pero la llamada que espera, se retrasa, y como siempre, la invaden novecientas preguntas distintas, pero todas la yevan a un mismo punto de partida.
Suena fall for you en su móvil. Mensaje. Es de mamá.
= Emma, deja a tu hermana en casa de la abuela y ven. Cuando llegues, llamame. Te quiero =
Algo extraño le sube por la garganta y una lágrima resvala, todavía son las seis y veinte.
-Marina vamos.
-¿a donde?
- Vamos.
Sube rápido se pone unos levis y una camiseta de La Martina verde, tenis chaqueta y bolso marrones ¿y las llaves? Dá un paseo por toda la casa sin encontrarlas, pero le dá igual.
Marina la espera sentada en las escaleras con una chaqueta de lana rosa de Benetton, preciosa.
Deja a la niña con el abuelo, la abuela está en el hospital. Mal asunto. Asustada coge un taxi.
Antes de llegar vuelve a sonar fall for you.
=Te espero en la cafetería=
Llega a la cafetería, su madre la abraza y llora un poco, pero son lágrimas distintas a todas las que ha visto antes, parecen más ¿felices?
- Mamá, dime algo porfavor.
- Papá está fuera de peligro.
- ¿En serio?
- Si, mi amor.
Las dos sonrien como tontas, se abrazan mil veces y se dan abrazos de eses que perduran toda la vida en la memoria, de eses de felicidad, de ganas de gritar de alegría, de llorar y llorar de felicidad. Ha pasado tanto tiempo. Emma no dá crédito.
¿Fin de la pesadilla? Sí, quizás.
El destino sabe ser caprichoso, hace regalos extraños, buenos y malos, pero siempre elige el momento con una cautela abominable.
viernes, 30 de abril de 2010
Capítulo 6
Mario abre un ojo, pero al verse colmado en la realidad, sus dolores musculares y la sala de un quirofano, vuelve a cerrarlo.
-Cariño, estoy aquí.
Abre el mismo ojo, el derecho, y la mira. Rubia, con su sonrisa cansada, acompañada de unas largas ojeras y unas patas de gallo bastante marcadas, muestra de todos sus años recorridos. Comprende. Y comienza a recordar sus conversaciones, sus besos, su forma de hacer el amor, sus viajes, sus miedos, la casa de la playa, la ropa rosa, las cremitas obligatorias... las niñas... Se mueve y mira su barriga... Dios mio ¿pero cuanto tiempo ha pasado ya?
Abre los dos ojos, intenta coger la mano de su mujer, pero no puede, no sabe donde se ha metido, piensa en aquel día soleado...
-Emm...ma... Emm..ma
- Tranquilo mi amor, descansa, Emma te está esperando, lleva haciéndolo todo este tiempo.
Mario, por orden de los médicos, consigue dormirse, otra vez, pero de una manera distinta. Más vivo.
El día amanece más soleado, más felíz. Emma sube a la buardilla, todavía en pijama, y busca aquí y allá, el libro de tomas falsas de papá, aquella caja gris, con los rollos de su polaroid, alumbra la estancia con una linterna de leroy merlin, comprada años atrás. Encuentra el libro, en la primera página, hay grabados dos nombres. Mario y Roberto. Comienza a leer, y recuerda cuando papá le decía que si algún día se sentía con ganas de leerselo de un tirón, no tenía más que buscarlo.
El libro esta lleno de anotaciones graciosas, rebosan vida y momentos gastados, momentos en mente, contestaciones cortantes, cosas demasiado vivas.
-Emmaaaaaaaaaaa ¿dónde estás?
- Aquí Jimmy, bajo ahora mismo.
Se calza la zapatilla a rayas verdes, que se ha quedado tres metros a un lado. Tropieza con n libro de cuentos rosa, de eses que tienen "un cuento para cada día"
En el, hay otra foto. Mario lleva un camisero blanco, unas ray ban antiguas, pantalón amarillo y sandalias gastadas, sus dedos gordos, feos. Tiene a una niña en brazos, ojos verdes grandes, morena, camisero lacoste amarillo clarito y pantalón blanco, gorro rosa palo, muy bebé, tan guapa. Otra vez las dudas acorralan la cabeza de Emma, ¿y si esto es la preparación de lo peor? ¿y si no vuelve a subir aquí conmigo? Le inundan una barabarid de ¿y si?, Una lágrima se hace polvo. Baja.
¿Que tiene pensado mamá? ¿Por que no llama?
Jimmy y Marina están embobados viendo bob esponja, la tele, está en el mueble nuevo, osea viejo, el del anticuario, el de papá.
La mañana pasa acompañada de zumo de naranja, tostadas, manta y sofá.
Se sumergen en la incertidumbre, esperan la llamada de su madre, al fin, en un mensaje le informa que papá lleva ocho horas en quirófano.
Emma se enfada primero, debería haberlo sabido antes, pero en eses momentos se deja llevar por la euforia, por la alegría, siete meses y tres días.
Está despierto. Pero la operación es larga, y con ella, la mañana se hace más larga aun.
-Cariño, estoy aquí.
Abre el mismo ojo, el derecho, y la mira. Rubia, con su sonrisa cansada, acompañada de unas largas ojeras y unas patas de gallo bastante marcadas, muestra de todos sus años recorridos. Comprende. Y comienza a recordar sus conversaciones, sus besos, su forma de hacer el amor, sus viajes, sus miedos, la casa de la playa, la ropa rosa, las cremitas obligatorias... las niñas... Se mueve y mira su barriga... Dios mio ¿pero cuanto tiempo ha pasado ya?
Abre los dos ojos, intenta coger la mano de su mujer, pero no puede, no sabe donde se ha metido, piensa en aquel día soleado...
-Emm...ma... Emm..ma
- Tranquilo mi amor, descansa, Emma te está esperando, lleva haciéndolo todo este tiempo.
Mario, por orden de los médicos, consigue dormirse, otra vez, pero de una manera distinta. Más vivo.
El día amanece más soleado, más felíz. Emma sube a la buardilla, todavía en pijama, y busca aquí y allá, el libro de tomas falsas de papá, aquella caja gris, con los rollos de su polaroid, alumbra la estancia con una linterna de leroy merlin, comprada años atrás. Encuentra el libro, en la primera página, hay grabados dos nombres. Mario y Roberto. Comienza a leer, y recuerda cuando papá le decía que si algún día se sentía con ganas de leerselo de un tirón, no tenía más que buscarlo.
El libro esta lleno de anotaciones graciosas, rebosan vida y momentos gastados, momentos en mente, contestaciones cortantes, cosas demasiado vivas.
-Emmaaaaaaaaaaa ¿dónde estás?
- Aquí Jimmy, bajo ahora mismo.
Se calza la zapatilla a rayas verdes, que se ha quedado tres metros a un lado. Tropieza con n libro de cuentos rosa, de eses que tienen "un cuento para cada día"
En el, hay otra foto. Mario lleva un camisero blanco, unas ray ban antiguas, pantalón amarillo y sandalias gastadas, sus dedos gordos, feos. Tiene a una niña en brazos, ojos verdes grandes, morena, camisero lacoste amarillo clarito y pantalón blanco, gorro rosa palo, muy bebé, tan guapa. Otra vez las dudas acorralan la cabeza de Emma, ¿y si esto es la preparación de lo peor? ¿y si no vuelve a subir aquí conmigo? Le inundan una barabarid de ¿y si?, Una lágrima se hace polvo. Baja.
¿Que tiene pensado mamá? ¿Por que no llama?
Jimmy y Marina están embobados viendo bob esponja, la tele, está en el mueble nuevo, osea viejo, el del anticuario, el de papá.
La mañana pasa acompañada de zumo de naranja, tostadas, manta y sofá.
Se sumergen en la incertidumbre, esperan la llamada de su madre, al fin, en un mensaje le informa que papá lleva ocho horas en quirófano.
Emma se enfada primero, debería haberlo sabido antes, pero en eses momentos se deja llevar por la euforia, por la alegría, siete meses y tres días.
Está despierto. Pero la operación es larga, y con ella, la mañana se hace más larga aun.
domingo, 25 de abril de 2010
Capítulo 5
Día pasado, día roto. Día nuevo.
La luz entra por las lineas de la persiana, Chanel encima de su barriga, ronronea. Emma mueve su nórdico hacia un lado y mira el despertador. Las siete y ocho minutos. Levanta la persiana y se mira las ojeras en el espejo del baño. Se mete en la ducha y escucha los 40 principales, una canción que no entiende la alegra sin saber porqué. Se deja la toalla en el pelo, se pone primero los calcetines blancos del uniforme, el polo del mismo color, la falda azul y coge el jersey. Le faltan los zapatos.
Su madre está dándole el desayuno a Marina, la televisión apagada. Raro.
-Buenos días.
-Marina tómate la leche ya.
Emma hunta una tostada con mermelada de arándanos y echa copos de avena en una taza. Enciende la televisión, su madre la mira con cara de pocos amigos.
- ¿Este canal es bob esponja veinticuatro horas o que?
- Por eso le apague la tele a Marina, no para de verlo y no toma la leche.
Sonríen.
- ¿Que tal ayer? llegue tarde de trabajar.
- Bien, me quedé sola con él.
Patri sonríe como señal de aprobación y mirando una cita que está colgada en la nevera se le ocurre una idea.
- ¿Quieres venir conmigo a la ecografía? es la última. Emma sonríe mucho, no se lo esperaba.
-Claro mamá, por supuesto, no sabía que fuera hoy. ¿me voy a cambiar no?
Marina vuelve a sus dibujos quejándose por no poder ir. Emma sube a cambiarse. Camisa a rayas rosas de Ralph Lauren, con unos pantalones pitillos marrones de Cachemir y su trenca marrón.
Mamá sale de cuentas en un par de semanas, piensa en el coche. Las lágrimas parecen delatarla. Patri la mira y le dá la mano. Es tan fuerte.
Al salir del médico se van de compras, entran una tienda de retales y eligen la tela de unas sábanas para la habitación del niño y la llevan a una mercería. Van a pórtico y eligen unos marcos azules con unos detalles en amarillo y compran una cesta con una tela amarilla para meter los pañales y ponerla en el baño del niño. La habitación está quedando preciosa.
Comen en un Fresco una ensalada y un batido de platano y mango. Recogen a Marina en el colegio a las tres y la llevan a ballet. La profesora intenta convencer a Emma para que se decida a volver a ensayar un par de días, pero no se siente con fuerzas, le dice que se lo pensará. A los dos minutos ya ni se acuerda de la promesa.
El día pasa sin más ni más. Emma, se pasa la tarde colocando un par de cosas en la habitación de su nuevo hermano y discutiendo con su madre por la decisión de la cuna. Encuentran una muy cuca en la revista de IKEA y deciden ir a encargarla.
A las once suena el teléfono. Patri sonrie a Emma, coge el abrigo y saliendo por la puerta rapidísimo le dice a Emma que la mira con cara de cadáver.
-Papá se ha despertado Emma, te llamo después, cuida de tu hermana. Te quiero.
-Mamaaaa
La puerta se cierra.
Inmediatamente, casi sin querer marca el número de Jimmy. A los veinte minutos aparece en la puerta con una sudadera de element gris, gastada, Converse y chandal Adidas, despeinado. Las buenas noticias lo hacen más guapo.
Sin apenas palabras se observan, acaban por besarse despacio, bonito, lento, se dan su primer beso uno de ese que no quieres que terminen nunca. Uno de eses que no se repiten.
Se sientan en el sofá y hablan, nerviosos, con esa cara de embobados, ahora los dos. Marina los mira desde la puerta del salón, Emma la mira y la coge en brazos, la sienta en el sofá y ponen una peli, Marina no lo entiende muy bien y curiosa pregunta, Emma no quiere ilusionarla y solo le dice que mamá ha tenido que salir al hospital.
Emma y Marina se duermen rápido, Jimmy las tapa con una manta. El también se queda dormido.
En la mente de Emma un buen presentimiento se acentúa. Papá vuelve.
La luz entra por las lineas de la persiana, Chanel encima de su barriga, ronronea. Emma mueve su nórdico hacia un lado y mira el despertador. Las siete y ocho minutos. Levanta la persiana y se mira las ojeras en el espejo del baño. Se mete en la ducha y escucha los 40 principales, una canción que no entiende la alegra sin saber porqué. Se deja la toalla en el pelo, se pone primero los calcetines blancos del uniforme, el polo del mismo color, la falda azul y coge el jersey. Le faltan los zapatos.
Su madre está dándole el desayuno a Marina, la televisión apagada. Raro.
-Buenos días.
-Marina tómate la leche ya.
Emma hunta una tostada con mermelada de arándanos y echa copos de avena en una taza. Enciende la televisión, su madre la mira con cara de pocos amigos.
- ¿Este canal es bob esponja veinticuatro horas o que?
- Por eso le apague la tele a Marina, no para de verlo y no toma la leche.
Sonríen.
- ¿Que tal ayer? llegue tarde de trabajar.
- Bien, me quedé sola con él.
Patri sonríe como señal de aprobación y mirando una cita que está colgada en la nevera se le ocurre una idea.
- ¿Quieres venir conmigo a la ecografía? es la última. Emma sonríe mucho, no se lo esperaba.
-Claro mamá, por supuesto, no sabía que fuera hoy. ¿me voy a cambiar no?
Marina vuelve a sus dibujos quejándose por no poder ir. Emma sube a cambiarse. Camisa a rayas rosas de Ralph Lauren, con unos pantalones pitillos marrones de Cachemir y su trenca marrón.
Mamá sale de cuentas en un par de semanas, piensa en el coche. Las lágrimas parecen delatarla. Patri la mira y le dá la mano. Es tan fuerte.
Al salir del médico se van de compras, entran una tienda de retales y eligen la tela de unas sábanas para la habitación del niño y la llevan a una mercería. Van a pórtico y eligen unos marcos azules con unos detalles en amarillo y compran una cesta con una tela amarilla para meter los pañales y ponerla en el baño del niño. La habitación está quedando preciosa.
Comen en un Fresco una ensalada y un batido de platano y mango. Recogen a Marina en el colegio a las tres y la llevan a ballet. La profesora intenta convencer a Emma para que se decida a volver a ensayar un par de días, pero no se siente con fuerzas, le dice que se lo pensará. A los dos minutos ya ni se acuerda de la promesa.
El día pasa sin más ni más. Emma, se pasa la tarde colocando un par de cosas en la habitación de su nuevo hermano y discutiendo con su madre por la decisión de la cuna. Encuentran una muy cuca en la revista de IKEA y deciden ir a encargarla.
A las once suena el teléfono. Patri sonrie a Emma, coge el abrigo y saliendo por la puerta rapidísimo le dice a Emma que la mira con cara de cadáver.
-Papá se ha despertado Emma, te llamo después, cuida de tu hermana. Te quiero.
-Mamaaaa
La puerta se cierra.
Inmediatamente, casi sin querer marca el número de Jimmy. A los veinte minutos aparece en la puerta con una sudadera de element gris, gastada, Converse y chandal Adidas, despeinado. Las buenas noticias lo hacen más guapo.
Sin apenas palabras se observan, acaban por besarse despacio, bonito, lento, se dan su primer beso uno de ese que no quieres que terminen nunca. Uno de eses que no se repiten.
Se sientan en el sofá y hablan, nerviosos, con esa cara de embobados, ahora los dos. Marina los mira desde la puerta del salón, Emma la mira y la coge en brazos, la sienta en el sofá y ponen una peli, Marina no lo entiende muy bien y curiosa pregunta, Emma no quiere ilusionarla y solo le dice que mamá ha tenido que salir al hospital.
Emma y Marina se duermen rápido, Jimmy las tapa con una manta. El también se queda dormido.
En la mente de Emma un buen presentimiento se acentúa. Papá vuelve.
miércoles, 7 de abril de 2010
Capítulo 4
Emma está sentada en la silla color heno, justo al lado de su padre. Le lee el periódico El país, su preferido, y se acuerda de un día cualquiera, en el desayuno. Y por un momento, le apetece quedarse sola, nunca lo ha echo, tampoco nunca había sentido la necesidad, pero le apetece hablarle. Sonríe.
En la habitación está Cata que se queda sorprendida al ver su sonrisa, los demás han ido a por un café.
Recuerda. Los primeros días. Los médicos les hicieron demasiadas ilusiones. Creían que se despertaría pasadas 24 horas, creían creían, los médicos siempre tan cínicos. Pasadas esas 24 horas, el tiempo dejaba de estar previsto, como la vida misma, un punto sujeto a los demás, y todos se rigen por él.
- Cata, ¿te importa salir un momento?
- Claro que no Emm, pero... ¿estás bien?
- Sí, todo bien.
Emma se queda sola, experimenta una sensación muy extraña, la soledad le aprieta y el pitido de la maquina la acompaña, escucha su respiración, pausada, relajada.. Ella se relaja también y le apetece hablarle.
-Bueno, en realidad, no sé que decirte... El silencio la encierra en la habitación. Coge aire.
Todo ha cambiado mucho desde que, bueno, desde que de alguna manera no estás, en realidad, a mamá le quedan todavía muchas esperanzas, yo quiero creerlas, pero ya sabemos que la positividad no es mi fuerte. Pero bueno, todo es muy raro, digo, lo de comer solo las tres los fines de semana, que no me leas el periódico al desayuno, ahora nunca me entero lo que pasa en el mundo, ya sé, podría leerlo yo, mamá lo sigue comprando todos los días, pero no tiene la gracia. Para serte sincera... algunas mañanas no me apetecía escucharte, eses días, que te contesto mal.. contestaba...ahora los echo de menos. Esto es una carga constante, no dejo un momento de pensar en tí, y cuando lo hago me siento demasiado mal, sonreir me parece una actitud egoísta, aunque por otro lado, siempre te encantó mi sonrisa, me lo repetías tantas veces... El silencio le llega dentro... En el colegio, intento estar normal, sencillamente porque si estás triste todo el mundo te ofrece su ayuda, y es como si te estuvieran recordando constantemente que la necesitas... pero no puedo evitar echarte de menos, todo me recuerda a tí, nosé si me entiendes, esque te estás perdiendo tantas cosas...aveces por las noches no puedo dormir, y recuerdo todas nuestras vacaciones, y corro a tu armario a oler uno de tus pantalones vaqueros, de aquellos que solo te ponías en verano. Emma se ríe. Tu empresa va bien, Roberto tiene todo controlado, nos visita muy a menudo, y sufre mucho por tí. Marco viene a comer muchos días, cuando mamá no está y no me apetece comer sola, él también te echa de menos, hablamos mucho de tí, es con el que más hablo. Cata Helena y Carola me acompañan siempre a verte, aveces viene Jimmy, aquel nobio de Carola ¿recuerdas aquel niño que yo no entendía que le pasaba, el que era muy bipolar?, esa es la única cosa buena que ha pasado, ha dejado de ir al psicologo, no lo necesitaba, sólo había olvidado a su padre porque en realidad no entendía porque se había ido, tu le ayudaste a entrar en razón. Una lágrima cae encima de la mano de Mario... Mamá compró hace un par de meses el mueble de salón que tanto querías, un sábado me levanto y fuimos a buscarlo a Gijón a aquel anticuario que tanto nos gusta, nunca tenías tiempo de ir a buscarlo, pero ya está en casa, esperando por tí... Marina, está muy guapa, más rubia que nunca. Sonríe. Mamá trabaja mucho, más de lo que debería, está constantemente aquí y allá... El bebé, es un niño...mamá le quiere llamar como tú, a mí me parece buena idea, suena bien, pero estamos esperando tu opinión. Solloza unos minutos. Te echa mucho de menos, lo sé, lo veo en sus ojos. Yo, yo ya casi no entreno, pronto no sabré nadar, me haces falta tú...
Una enfermera entra en la habitación.
-Emma, es hora de que te vayas.
- Oh si, se ha echo tarde... Adiós papá.
Sale y abraza a Carola.
-¿Nos vamos? Desliza una pequeña sonrisa por el corazón de todas sus amigas, y por el de Jimmy, pero de otra manera, de una manera más especial. Se acerca y abrazándola le susurra:
- Te escucha, estoy seguro, aun no es demasiado tarde. Te quiero.
Las dós ultimas palabras se le clavan, y sonrie un poco más.
Todavía el sol bosteza un poco más antes de dormirse del todo, aprovechan la última luz del día en el parque, se han unido un par de personas más, entre ellas Marco, el mejor amigo de Emma que la besa y se disculpa por no estar con ella en ese día. Más tarde, mientras la acompaña a casa, hablan de sus miedos, de sus sentimientos negativos, de sus tormentos, de lo que empieza a sentir por Jimmy que de momento no es mucho, pero que como el beber, todo es empezar.
En la habitación está Cata que se queda sorprendida al ver su sonrisa, los demás han ido a por un café.
Recuerda. Los primeros días. Los médicos les hicieron demasiadas ilusiones. Creían que se despertaría pasadas 24 horas, creían creían, los médicos siempre tan cínicos. Pasadas esas 24 horas, el tiempo dejaba de estar previsto, como la vida misma, un punto sujeto a los demás, y todos se rigen por él.
- Cata, ¿te importa salir un momento?
- Claro que no Emm, pero... ¿estás bien?
- Sí, todo bien.
Emma se queda sola, experimenta una sensación muy extraña, la soledad le aprieta y el pitido de la maquina la acompaña, escucha su respiración, pausada, relajada.. Ella se relaja también y le apetece hablarle.
-Bueno, en realidad, no sé que decirte... El silencio la encierra en la habitación. Coge aire.
Todo ha cambiado mucho desde que, bueno, desde que de alguna manera no estás, en realidad, a mamá le quedan todavía muchas esperanzas, yo quiero creerlas, pero ya sabemos que la positividad no es mi fuerte. Pero bueno, todo es muy raro, digo, lo de comer solo las tres los fines de semana, que no me leas el periódico al desayuno, ahora nunca me entero lo que pasa en el mundo, ya sé, podría leerlo yo, mamá lo sigue comprando todos los días, pero no tiene la gracia. Para serte sincera... algunas mañanas no me apetecía escucharte, eses días, que te contesto mal.. contestaba...ahora los echo de menos. Esto es una carga constante, no dejo un momento de pensar en tí, y cuando lo hago me siento demasiado mal, sonreir me parece una actitud egoísta, aunque por otro lado, siempre te encantó mi sonrisa, me lo repetías tantas veces... El silencio le llega dentro... En el colegio, intento estar normal, sencillamente porque si estás triste todo el mundo te ofrece su ayuda, y es como si te estuvieran recordando constantemente que la necesitas... pero no puedo evitar echarte de menos, todo me recuerda a tí, nosé si me entiendes, esque te estás perdiendo tantas cosas...aveces por las noches no puedo dormir, y recuerdo todas nuestras vacaciones, y corro a tu armario a oler uno de tus pantalones vaqueros, de aquellos que solo te ponías en verano. Emma se ríe. Tu empresa va bien, Roberto tiene todo controlado, nos visita muy a menudo, y sufre mucho por tí. Marco viene a comer muchos días, cuando mamá no está y no me apetece comer sola, él también te echa de menos, hablamos mucho de tí, es con el que más hablo. Cata Helena y Carola me acompañan siempre a verte, aveces viene Jimmy, aquel nobio de Carola ¿recuerdas aquel niño que yo no entendía que le pasaba, el que era muy bipolar?, esa es la única cosa buena que ha pasado, ha dejado de ir al psicologo, no lo necesitaba, sólo había olvidado a su padre porque en realidad no entendía porque se había ido, tu le ayudaste a entrar en razón. Una lágrima cae encima de la mano de Mario... Mamá compró hace un par de meses el mueble de salón que tanto querías, un sábado me levanto y fuimos a buscarlo a Gijón a aquel anticuario que tanto nos gusta, nunca tenías tiempo de ir a buscarlo, pero ya está en casa, esperando por tí... Marina, está muy guapa, más rubia que nunca. Sonríe. Mamá trabaja mucho, más de lo que debería, está constantemente aquí y allá... El bebé, es un niño...mamá le quiere llamar como tú, a mí me parece buena idea, suena bien, pero estamos esperando tu opinión. Solloza unos minutos. Te echa mucho de menos, lo sé, lo veo en sus ojos. Yo, yo ya casi no entreno, pronto no sabré nadar, me haces falta tú...
Una enfermera entra en la habitación.
-Emma, es hora de que te vayas.
- Oh si, se ha echo tarde... Adiós papá.
Sale y abraza a Carola.
-¿Nos vamos? Desliza una pequeña sonrisa por el corazón de todas sus amigas, y por el de Jimmy, pero de otra manera, de una manera más especial. Se acerca y abrazándola le susurra:
- Te escucha, estoy seguro, aun no es demasiado tarde. Te quiero.
Las dós ultimas palabras se le clavan, y sonrie un poco más.
Todavía el sol bosteza un poco más antes de dormirse del todo, aprovechan la última luz del día en el parque, se han unido un par de personas más, entre ellas Marco, el mejor amigo de Emma que la besa y se disculpa por no estar con ella en ese día. Más tarde, mientras la acompaña a casa, hablan de sus miedos, de sus sentimientos negativos, de sus tormentos, de lo que empieza a sentir por Jimmy que de momento no es mucho, pero que como el beber, todo es empezar.
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